miércoles, 11 de noviembre de 2009

El Guácharo

El guácharo (Steatornis caripensis) es sin lugar a dudas una de las aves más llamativas y carismáticas del mundo. Pertenece al orden de los CAPRIMULGIFORMES y está, por tanto, relacionada con nuestros chotacabras.
Todas las aves de éste orden son sorprendentes, tanto los nictibios (Nyctibiidae) en el continente américano cómo los frogmouth (Podargidae) y los owlet-nightjar (Aegothelidae) en el Sudeste asiático y Oceanía son criaturas extraordinarias, pero quizá el Oilbird o Guácharo sea la más fascinante de todas.

Steatornis caripensis, cueva de Los Tayos, Ecuador

El guácharo vive en diferentes lugares de la cordillera de los Andes,desde la isla de Trinidad hasta Bolivia y también se ha registrado en Brasil y Panamá. Es el único representante de la familia Steatornithidae

Steatornis caripensis, cueva de Los Tayos,Ecuador

Fue descrito por Alexander von Humboldt durante su viaje a Sudamérica en 1799. Lo observó en la Cueva del Guácharo, en Caripe (Venezuela). El nombre científico de la especie, Steatornis caripensis, significa "ave aceitosa de Caripe".
Vive en colonias en el interior de profundas cavernas. Durante el vuelo nocturno fuera de las cuevas, arranca sus principales alimentos (nueces de palma) con su poderoso pico ganchudo.

Steatornis caripensis, cueva de Los Tayos,Ecuador

Mientras vuelan en cavernas oscuras, los guácharos emplean un sistema de orientación por ecos similar al sonar. Se puede oír fácilmente cuando el pájaro esta en vuelo.
A las 10 semanas de nacidas, las crías tienen 50 por ciento más de peso que sus padres. El cuerpo de los polluelos está lleno de grasa y se sabe que éstos comen un cuarto de su peso cada noche.
En Venezuela en el 2005, donde los buscamos sin éxito, los llamaban pájaro-manteca y recuerdo que nos dijeron: "estan muy ricos..."

Steatornis caripenis,cueva de Los Tayos,Ecuador
Son pájaros sorprendentemente grandes, son raros y además emitían una especie de graznido que se amplificaba contra las paredes de la cueva, tuvimos que descender por dos largas escaleras en la estrechez de una enorme grieta hasta llegar al punto de observación de las aves.Fue algo especial.
Ésta última foto trasmite un poco el ambiente misterioso que rodeó la observación del guácharo el pasado mes de Octubre en la "cueva de los Tayos"(así es cómo les llaman allí), en Ecuador..

5 comentarios:

Antonio Gutierrez Pita dijo...

Que buena entrada, primo. Una lástima no haberlo visto en Venezuela.... Menuda pateada por la cueva de las cacas de murciélago. Cuando recuerdo a Gandalf con la muleta por la cueva, me entran escalofríos...

Anónimo dijo...

Pues sí, la intentona de Venezuela también es inolvidable. Con los cientos de murciélagos a nuestro alrededor, los insectos pleistocénicos terroríficos, las rocas resbaladizas y el clavo sobresaliéndome del dedo. No estuvo mal.

Como tampoco estuvo mal la inútil mojadura esperándolos sobre aquel arroyuelo en otra zona de Venezuela hasta que literalmente no se veía nada. Pensar que los guacharos se veían desde debajo del puente!!

Pablo no cuenta que en esta ocasión, por fin vimos a los míticos guácharos tras haber bajado con los arneses por las estrechas escaleras con sensación de desasosiego en el cuerpo. El asqueroso todo terreno que usábamos para desplazarnos, tenía la mala costumbre de cerrarse solo, y en esta ocasión las llaves se habían quedado dentro. Tras muchos esfuerzos decidimos dejar el coche a su suerte e irnos a ver oilbirds, que era lo importante. Ya solucionaríamos mas tarde el marrón.

Después, intentamos romper infructuosamente un cristal (en realidad era de plástico), hacer unas llaves con unas limas, forzar la cerradura, bajar las ventanillas, descerrajar el manillar... en fin, el maldito carro parecía infranqueable. Cuando el sino parecía quedarnos a vivir allí para siempre, apareció una maravillosa familia de ecuatorianos con una nueva idea. Forzamos la puerta, metimos un alambre y con una inexplicable suerte que todavía me asombra logramos abrir la puerta entre muestras de júbilo inigualable. Ya podríamos anotar al guácharo, ese mítico pájaro, en nuestras listas. Y tener otro imborrable recuerdo de los viajes pajareros.

Pablo, gran entrada.
Ignacio

Antonio Gutierrez Pita dijo...

Coño Ignacio, Aupa Alcorcón!!!.
Yo la historia del coche no la conocía, pero tiene buena pinta, que acojone....

PABLO GUTIERREZ dijo...

Sí, fue increible.El episodio del coche merecía una entrada completa.
Menos mal que apareció aquella familia de habilidosos.Es que...no había manera de romper aquel cristal¡¡

Javier Cañadas dijo...

No me pierdo ningún viaje más.